Una mañana como otra cualquiera nos dirigíamos al instituto:
— Hace un bonito día — solté yo.
— Si, va a escampar — exclamo Max.
— Presiento que algo malo va a pasar — dijo Juan con cara de preocupación.
Todos callamos y seguimos el camino.
Cuando llegamos, solo estábamos en todo el colegio los alumnos de mi clase, no había nadie mas en todo el lugar, solo estábamos 10 personas.
Nos dirigimos hacia las mesas de ping-pong y allí vimos unos charcos de sangre. Asustados nos agrupamos todos y contamos si estábamos todos. Entonces nos dimos cuenta de que faltaba Max:
— Esto es muy extraño… — dijo Juan.
Nos pusimos a buscar a Max. Los pasillos estaban oscuros y no veíamos casi nada.
De repente oí unos gritos en la biblioteca. Juan y yo fuimos a ver que pasaba y os demás esperaron abajo. Cuando llegamos encendimos las luces, pero no vimos nada. Cuando bajamos vimos a nuestros compañeros muertos, y entre ellos un monstruo, el cual los había matado. Cuando vimos al monstruo de frente le reconocimos fácilmente: era Max. Había mutado a una especie de monstruo peludo, parecido a un mono. Tenía unos largos colmillos y afiladas garras. Su mirada era malvado y intimidadora. En cuando nos vio se abalanzó sobre mí y me mordió el cuello. Entonces, desperté de mi sueño, pero sentía un intenso dolor en el cuello.
